Crónica de la segunda jornada de la Casa de la Dona de Xirivella

“Educar para avanzar en igualdad”, ha sido el lema de esta edición celebrada el 27 de mayo en el auditorio municipal. La inauguración ha corrido a cargo del alcalde de Xirivella, Enrique Ortí, y de la concejala dela Mujer, Trinidad Martínez, que han agradecido el trabajo desinteresado de los colectivos de mujeres en la organización del evento.

Posteriormente se ha entregado el premio Seneca Falls a Teresa Alcalá, abogada especializada en violencia de género y mediadora familiar. De ella, ha destacado su compañera Mª José Clarí, técnica de Igualdad, su profesionalidad y su implicación con las mujeres, sobre todo con quienes están pasando situaciones más difíciles. De hecho, una de las usuarias del servicio de asesoramiento, Isabel Rubio, lo ha corroborado y ha añadido la que considera una de sus mejores cualidades: la humildad.

Alicia Miyares Fernández, doctora en Filosofía y consejera dela Unidadde Igualdad de Género del anterior Ministerio de Educación, ha impartido la primera conferencia sobre “Educación y ciudadanía”. En su exposición ha definido la educación como un proceso por el que las personas adquieren capacidades y habilidades para transformar la realidad, de forma que pueda integrar por igual a mujeres y a hombres.

Miyares ha afirmado que se traslada a la escuela una educación sexista y para demostrarlo ha proyectado imágenes que pueden encontrarse actualmente en los libros de texto, como el retrato de la evolución humana en el que solo aparecen representados los hombres o una imagen de la edad antigua en la que el hombre camina por delante con una lanza y una mujer embarazada le sigue, destacando así su función reproductora. “Lo peor es que en muchas culturas la mujer continúa caminando por detrás”, asegura. 

Otro ejemplo es la descripción en los tratados de filosofía de Simone de Beauvoir como novelista y amante de Sartre, cuando a él se le califica de filósofo y no se le atribuye parentesco. O el caso de Madame Curie que siempre aparece fotografiada junto a su marido. “El alumnado reproduce de forma radicalizada lo que ve en su ambiente”, por lo que la tarea del profesorado tiene que reforzarse con leyes y el compromiso de los Gobiernos por desactivar estereotipos sexistas, concluye Alicia Miyares.

Elena Simón Rodríguez, analista de género, formadora feminista y escritora, ha explicado las tres patas de la coeducación: la igualdad de oportunidades, de trato y de condiciones. La primera de ellas alude a la igualdad formal, conseguida en la mayoría de países desarrollados. La segunda pata se refiere al LIC (lenguaje para la igualdad en la comunicación), a la presencia de la historia de las mujeres en el currículo educativo o a la imagen que se refleja de los hombres y de las mujeres en los libros de texto; esta pata está coja. Y respecto a la de condiciones, la podríamos representar simbólicamente como una “mochila” cargada de estereotipos que llevan a la espalda, rosa en el caso de las niñas y azul en el de los niños.

Simón define la coeducación como “un proceso de intervención intencionado que, partiendo de la realidad de sexos diferentes y géneros desiguales, pretende construir un mundo común y no enfrentado”. Por eso es tan importante que la igualdad se enseñe en las aulas. Para acabar ha lanzado un llamamiento a las feministas para que visibilicen a las mujeres a través del lenguaje, “¡somos más que los académicos!”.

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